Procesos Económicos Y Políticos De América Y Colombia Durante La Primera Mitad Del Siglo XX.
AMÉRICA LATINA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
LA SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL HASTA 1930: LA ECONOMÍA AGRO-EXPORTADORA
En la primera mitad del siglo XX la economía de los países de América latina fue pasando de la agro-exportación a la industrialización sustitutiva de importaciones.
La economía agro-exportadora (también conocida como modelo de crecimiento hacia fuera se aplicó en América Latina desde su independencia en la primera mitad del siglo XIX hasta los años 30 del siglo XX.
En este período los países de América Latina exportaban materias primas, como productos agropecuarios y minerales, hacia los países industrializados de Europa, especialmente Inglaterra, y hacia EEUU. A su vez importaban los productos industrializados desde aquellos países y también recibían desde ellos las inversiones de dinero necesarias para aumentar la producción o mejorar los transportes y comunicaciones.
El desarrollo económico de los países latinoamericanos se debió al interés de los países industrializados que actuaban según sus necesidades: necesitaban las materias primas para sus industrias y mercados donde vender los excedentes de la producción de sus fábricas. Los intentos de modernización en América Latina también se hicieron por interés de las potencias extranjeras, por ejemplo la instalación de ferrocarriles, que se hizo para poder llevar más rápido y en mayor cantidad las materias primas desde el interior de los países hasta los puertos donde se exportaban.
Los países de América Latina se especializaron en la producción de uno o pocos productos por cada país; esto se conoce como mono-producción. En el caso de ser productos agrícolas se le llama monocultivo.
COLOMBIA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
Durante la primera mitad del siglo XX Colombia vivió profundos cambios. las transformaciones económicas ocurridas en el país durante esta época, producto de su inserción en la economía mundial, produjeron la modernización de la sociedad colombiana: se construyeron ferrocarriles y carreteras, la industria floreció, las ciudades empezaron a crecer y apareció un nuevo actor social: el obrero. Todo hacía parecer que durante el siglo XX Colombia empezaba a desarrollarse progresivamente en comparación con el siglo XIX. A pesar de que esta época fue de prosperidad económica, los odios partidistas característicos del siglo XIX no cesaron y además los gobiernos de la época no supieron afrontar los problemas sociales y económicos de la población más pobre. A la larga los odios políticos y la injusticia social engendraron -a mediados del siglo XX- uno de los períodos más sangrientos de nuestra historia: la Violencia.
Conflictos de inicio de siglo
Al finalizar el siglo XIX e iniciar el XX, Colombia tuvo que afrontar la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá. Estos hechos demostraron a los dirigentes colombianos que el ideal de un país en paz y en progreso, aún estaba por construirse.
La Guerra de los Mil Días
Fue la última confrontación armada de la larga lista de guerras civiles que azotaron al país durante el siglo XIX. Inició en octubre de 1899 y finalizó el21 de noviembre de 1902. Las principales causas del conflicto fueron:
La intransigencia p6títica. A partir de 1896, algunos conservadores y liberales le solicitaron al presidente Miguel Antonio Caro y a su sucesor Manuel Antonio Sanclemente, una reforma a la Constitución de 1886 que eliminara la exclusión y persecución política en contra de los liberales. Ellos se negaron a aceptar esta petición, lo cual hizo pensar a los liberales que la única opción para lograr una mayor participación política era a través de las armas.
La crisis económica. Para 1886 el café era uno de los principales productos de exportación del país. Desafortunadamente, la rápida expansión de cultivos en el mundo llevó a que en 1890 se produjera una drástica caída en los precios internacionales del café, generando una crisis en los caficultores 'colombianos. Esta crisis se agudizó con la negativa del gobierno colombiano de eliminar los impuestos a la exportación de café.
Estalla la guerra
En este contexto, los dirigentes del partido liberal optaron por iniciar la guerra en el departamento de Santander, que además de ser una de las regiones en donde más se sintió la crisis económica del café, fue el lugar de donde salió mayor número de hombres para la guerra, y desde entonces, el departamento de Santander era reconocido como bastión territorial del partido liberal. Posteriormente, desde allí la guerra se expandió al resto del país. Desde el inicio de la guerra hasta mayo de 1900, el combate se caracterizó por el enfrentamiento de dos ejércitos regulares: el liberal y el conservador, por esta razón, este período recibe el nombre de la Guerra de Caballeros. Durante esta etapa, los liberales lograron su mayor triunfo en la Batalla de Peralonso en diciembre de 1899, pero meses más tarde, sufrirían su más grande derrota en la Batalla de Palonegro, ocurrida en mayo de 1900.
Luego de la Batalla de Palonegro, el ejército liberal no pudo reorganizarse y se dispersó en pequeñas guerrillas. Prontamente la guerra de guerrillas se salió del control de los líderes liberales y degeneró en actos de bandidaje, lo cual preocupó a la élite colombiana. Ante esta situación, a mediados de 1902, ambos partidos iniciaron conversaciones para finalizar con el conflicto, el cual culminó con la firma de los tratados de paz de Neerlandia, el 24 de octubre de 1902, y el Wisconsin, efectuado el21 de noviembre de 2002.
El país al finalizar la guerra
Cuando el conflicto culminó, el país se encontraba sumido en la más profunda crisis social y económica. Sumado a la pérdida de más de cien mil colombianos muertos, la guerra acentuó la crisis económica, pues las fincas dejaron de producir y el comercio se paralizó, lo que causó una escasez de alimentos y aumento de precios.
La separación de Panamá
Apenas si había trascurrido un año de la finalización de la Guerra de los Mil Días, cuando Panamá se separó de Colombia. Este hecho fue un duro golpe para los colombianos pues, el istmo, por ser un punto importante en el comercio mundial, era una fuente de ingresos económicos.
Panamá: un lugar privilegiado
La importancia geográfica y económica de Panamá radica en que por estar ubicada en el centro y ser el lugar en donde existe la menor distancia entre la costa Pacífica y la Atlántica del continente americano, hacía mucho más fácil el transporte de mercancías y personas entre los países del Atlántico y los del Pacífico. Fue así como Panamá se convirtió en un epicentro del comercio mundial. En el siglo XIX, la expansión del capitalismo hizo pensar a varios países del mundo, entre ellos Colombia, que era necesario mejorar la comunicación entre las dos costas del istmo. Con esta idea, el gobierno colombiano contrató con una compañía norteamericana la construcción de un ferrocarril que comunicara la ciudad de Colón, ubicada en la costa Pacífica, con Ciudad de Panamá, localizada en la costa Atlántica. La obra fue inaugurada en 1855.
La necesidad de construir un canal
Aunque el ferrocarril trasportaba grandes volúmenes de mercancía, el rápido crecimiento del comercio mundial lo volvió al poco tiempo obsoleto. Fue así como surgió la necesidad de construir un canal interoceánico que permitiera en tráfico de grandes barcos. Por supuesto, Colombia no tenía el suficiente dinero para llevar a cabo la construcción de la obra. Hacia 1880, Colombia le vendió los derechos para construir el Canal de Panamá a una empresa francesa, pero esta cayó en bancarrota y no pudo finalizar su construcción.
Los intereses de Estados Unidos
El fracaso de los franceses en la construcción del canal, dio la oportunidad a los norteamericanos para realizar esta obra. El interés del gobierno estadounidense se debía que esto lo afianzaría como una potencia económica mundial. Por ello, los norteamericanos iniciaron rápidamente conversaciones con el gobierno colombiano, para negociar una nueva concesión y construir el canal. Para aquel entonces, comenzó la Guerra de los Mil Días, lo cual retrasó las negociaciones.
El tratado Herrán - Hay
En 1902, Colombia firmó con los Estados Unidos el Tratado Herrán-Hay el cual fijaba las condiciones de la construcción del Canal. Los términos del acuerdo fueron considerados por los senadores colombianos como desventajosos, y en agosto de 1903, decidieron no ratificarlo. El gobierno estadounidense, que había amenazado a Colombia con quitarle el departamento de Panamá en caso de que no ratificara el tratado, apoyó a una parte de la élite panameña, encabezada por José Agustín Arango, para que buscara la independencia panameña de Colombia. A cambio, el naciente país debía firmar con el gobierno norteamericano un tratado para la construcción del canal. Fue así como, el 3 de noviembre de 1903, Panamá declaró su independencia de Colombia.
La política colombiana desde 1904 hasta 1930
Luego de la Guerra de los Mil Días y de la separación de Panamá, la élite colombiana concluyó que, para evitar la desintegración del país y lograr encauzarlo por la vía del progreso, era necesario dejar a un lado las diferencias políticas y buscar la reconciliación de los colombianos.
El quinquenio de Reyes
En 1904 el conservador Rafael Reyes, con el apoyo de buena parte del liberalismo, asumió la presidencia de la República. Su promesa era llevar a cabo la reconciliación entre los liberales y conservadores, además de iniciar un proceso de progreso económico y de modernización en el país. Para Reyes, las causas del atraso económico en Colombia se hallaban en la precariedad de la infraestructura en transportes y la desorganización del sistema tributario y fiscal del Estado. Por lo tanto, presentó al Congreso un proyecto de ley que le daba potestad de contratar obras de infraestructura, reorganizar el sistema tributario sin la autorización del legislativo y conceder contratos para la construcción de ferrocarriles. Tales propuestas no agradaron a los congresistas de ambos partidos, por lo cual no las aprobaron. Ante este fracaso, en 1905 Reyes decidió clausurar el Congreso y convocar a una Asamblea Nacional para que reformara la Constitución de 1886. Esta asamblea modificó la organización territorial de la nación y creó nuevos departamentos a expensas de los ya existentes. Adicionalmente, la Asamblea otorgó al presidente poderes para tomar decisiones en
asuntos económicos y aprobó la extensión del mandato, de seis a diez años.
Caída del gobierno de Reyes
Con su facultad para decidir en aspectos económicos, Reyes le quitó a los departamentos algunos impuestos con los cuales se beneficiaban. Este tipo de medidas no fue del agrado de las élites regionales del país, especialmente de las antioqueñas, quienes se convirtieron en fuertes opositoras del gobierno. En respuesta, el gobierno reprimió a la oposición, con lo cual aumentó el descrédito en contra de Reyes. Entre los hechos que desencadenaron la oposición en contra de Reyes se encuentra la negociación que este firmó con Estados Unidos en la cual, el país norteamericano le reconocía a Colombia una indemnización por Panamá y un tratamiento preferencial en el uso del futuro canal, al tiempo que Colombia reconocía formalmente la independencia panameña. Aunque este gobierno consiguió logros importantes como la fundación de la Escuela Militar y el fortalecimiento de la industria, enfrentó muchos problemas, que hicieron que Reyes renunciara al cargo en 1909 y fuera remplazado por Jorge Holguín, quien ejerció el poder en calidad de designado. Holguín recibió el poder el 9 de junio y lo entregó el4 de agosto del mismo año a Ramón González Valencia.
Logros del gobierno de Reyes
Aunque el gobierno de Reyes tuvo serios tropiezos, fue bastante constructivo. Entre sus logros se destacan:
Aumentó la red ferroviaria de 565 a 901 km entre 1904 y 1909, Y construyó carreteras aptas para vehículos automotores y coches.
Revaluó el peso colombiano y estableció acuerdos con los acreedores extranjeros para la reanudación de los pagos de la deuda externa.
Incentivó la navegación comercial y turística por el río Magdalena.
El republicanismo
Gran parte de los opositores a Reyes se organizaron alrededor de la Unión Republicana fundada en 1909. Esta asociación política congregaba a algunos sectores de los partidos Conservador y Liberal. Al igual que Reyes, los republicanos compartían la idea de que era necesario generar un clima de conciliación entre los dos partidos, pero con la diferencia de que la vida política del país debía estar regida por los principios democráticos y republicanos y no por el autoritarismo y la dictadura. Para lograr este objetivo, en 1910 impulsaron una nueva reforma constitucional.
La Asamblea Nacional de 1910
Luego de la intempestiva salida de Reyes, el conservador Ramón González Valencia asumió la presidencia hasta 1910. Durante su corto gobierno, bajo la presión de los republicanos, volvió a convocar una Asamblea Nacional para reformar la Constitución de 1886. Esta asamblea, conformada en su mayoría por conservadores, ratificó la participación de los liberales, tanto en la rama legislativa como en la ejecutiva; estableció la elección popular directa del presidente, redujo su período de 6 a 4 años y prohibió su reelección inmediata. Como acto final nombró presidente de la república al conservador antioqueño y dirigente de la Unión Republicana Carlos Enrique Restrepo, quien debería gobernar al país entre los años de 1910 y 1914.
El gobierno Restrepo y el fin de la Unión Republicana
Al igual que el gobierno de Reyes, el de Restrepo se caracterizó por impulsar la modernización y el desarrollo económico. Para ello, intentó organizar las finanzas públicas, impulsó la inversión en infraestructura e incentivó la creación de empresas. En el campo político adelantó una reforma electoral con el fin de modernizar el Estado. Estas propuestas no fueron del agrado de la élite conservadora que desde el Congreso realizó una fuerte oposición a su gestión. Por su parte, el partido liberal, deseoso de recuperar a sus integrantes que participaban en la Unión Republicana, también se opuso a Restrepo. El resultado fue la derrota del republicanismo en las elecciones presidenciales de 1914 a manos del conservador José Vicente Concha. De esta derrota, el republicanismo no se recuperó y prontamente desapareció.
Gobiernos de Concha y Suárez
La llegada a la presidencia de José Vicente Concha en 1914 y de Marco Fidel Suárez en 1918, representó el retorno a la política tradicional. Tanto Concha como Suárez tenían más similitudes con los políticos conservadores de la Regeneración que con sus antecesores Reyes y Restrepo, pues mientras estos últimos eran hombres de empresa que intentaban modernizar la política y la economía colombiana, Concha y Suárez eran hombres de letras que, antes que nada, querían satisfacer los apetitos burocráticos del partido conservador, en lugar de invertir el poco dinero existente en la modernización del país.
Como si esto fuera poco, durante estos dos gobiernos, Colombia cayó en una profunda crisis económica, producto de la Primera Guerra Mundial. Fue así como en estos dos períodos presidenciales la inversión en construcción de vías y ferrocarriles fue prácticamente nula. Además, la falta de dinero en las arcas del Estado llevó a que ni siquiera se pudieran pagar los sueldos de sus funcionarios públicos. En noviembre de 1921, era tan fuerte la crisis económica, que Suárez tuvo que renunciar a la presidencia ocho meses antes de culminar su mandato. Desde luego que, a dicha renuncia, contribuyó la presión ejercida por Laureano Gómez y sus seguidores, conocidos como laureanistas.
Las relaciones Colombia - EE. UU.
En medio de la crisis política y económica, las presidencias de Concha y Suárez se dedicaron a llegar a un arreglo con el gobierno de Estados Unidos para solucionar el problema de Panamá. Aunque el gobierno de Carlos E. Restrepo había firmado en 1914 el Tratado Urrutia-Thompson, en el que Estados Unidos reconocía el daño moral causado a Colombia y le otorgaba una indemnización de 25 millones de dólares, este pacto contó con una profunda oposición en el país. Por eso, los gobiernos de Concha y Suárez tuvieron que luchar por todos los medios para que el Congreso colombiano lo aprobara.
El presidente que más se dedicó a defender el tratado fue Suárez. Según él, el país debía girar sus ojos hacia Estados Unidos y convertirse en su principal aliado, pues este país era el único que podría proporcionarle la ayuda suficiente a Colombia para lograr su progreso económico. A esta política, Suárez la llamó la Doctrina de la Estrella Polar.
Luego de intensos debates en el Congreso colombiano, el tratado se ratificó el 22 de diciembre de 1922.
Gobierno de Pedro Nel Ospina
En 1922 fue elegido como presidente de la República el conservador. Mariano Ospina Pérez. Se podría decir que durante su gobierno se volvieron a retomar los planes e ideas de los presidentes Reyes y Restrepo. Es decir, el principal objetivo de Ospina era modernizar e industrializar al país y llevarlo hacia el progreso económico. A diferencia de sus antecesores, Ospina tuvo la fortuna de contar con una excelente coyuntura económica para llevar a cabo sus planes. Por esta época, Colombia recibió de Estados Unidos los dineros de la indemnización por la pérdida del Canal; además, los precios internacionales del café así como sus exportaciones, volvieron a aumentar, y por si fuera poco, el país recibió una buena cantidad de préstamos por parte de los Bancos de Wall Street. Fue tanto el dinero que entró al país que a este período se le denomina La danza de los millones. Con este dinero, Ospina invirtió en grandes obras de infraestructura, en especial en los ferrocarriles.
La modernización de las instituciones del Estado
Ospina era consiente de que era necesario reformar las instituciones del estado o crear nuevas para que el país mejorara su manejo económico. Hasta la fecha no existía ningún banco central que controlara la emisión de papel moneda, tampoco existían instituciones que vigilaran los movimientos del estado. Ante esta situación en 1923, Ospina contrató a una comisión de expertos económicos encabezados por el profesor Edwin Walter Kemmerer quienes, después de analizar la situación colombiana, formularon una serie de propuestas para modernizar las instituciones económicas colombianas. A este grupo se le denominó la Misión Kemmerer, y producto de su visita el gobierno creó el Banco de la República, la Superintendencia Bancaria y la Contraloría General de la República.
Gobierno de Miguel Abadía Méndez
El gobierno de Abadía Méndez, comprendido entre 1926 y 1928, fue tal vez el que enfrentó mayores dificultades de toda la hegemonía conservadora. Desde 1928 hasta 1930, se presentaron varios problemas que afectaron al gobierno. Entre estos problemas se encuentran: la Masacre de las Bananeras de diciembre de 1928 y las Jornadas Estudiantiles del 6 y 7 de junio de 1929, en las que murió asesinado el estudiante Gonzalo Bravo Pérez.
La situación se agravó en 1929 cuando Colombia entró en una nueva crisis económica producto de la caída de la Bolsa en Nueva York. Por si esto fuera poco, el partido conservador dividido en las candidaturas del general Alfredo Vásquez Cobo y Guillermo Valencia, se presentó a las elecciones presidenciales de 1930. Fue así como los conservadores, asechados por una crisis que afectaba todos los niveles de la sociedad y ante la división política del partido, perdieron la presidencia frente al candidato liberal Enrique Olaya Herrera.
La República Liberal
La República Liberal es el período de la historia colombiana comprendido entre 1930 y 1946, en el cual el partido liberal permaneció en el poder. Se caracterizó por sus intentos de modernización de las estructuras sociales del país y por el paulatino aumento de la violencia e intransigencia política.
Gobierno de Olaya Herrera
Una vez Enrique Olaya Herrera asumió la presidencia en agosto de 1930, se encontró con que en el país todo era conservador: la Constitución, el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, los juzgados e incluso los cuerpos de policía. Ante este panorama, Olaya repartió los ministerios y gobernaciones entre los dos partidos, intentando buscar lo que él llamó la Concentración Nacional. Este programa también contemplaba que los gobernadores repartieran equitativamente las alcaldías entre liberales y conservadores. Sin embargo, a raíz de que los gobernadores nombraban únicamente funcionarios liberales, en departamentos como Boyacá y Santander se desató la Violencia.
Durante el gobierno de Olaya, el país se encontraba afectado por la crisis económica de 1929, con precios bajos del café, cifras elevadas de desempleo y parálisis en las obras públicas. Ante estos problemas, el gobierno optó por el proteccionismo, impulsó la creación de granjas experimentales y estimuló la sustitución de las importaciones mediante el crecimiento de la industria nacional. Además, creó la Caja de Crédito Agrario y dio los primeros pasos en la formulación de una ley de reforma agraria. Durante este gobierno se implantó la cédula de ciudadanía para los mayores de 21 años de edad.
La Guerra con el Perú
El 1° de septiembre de 1932 tropas peruanas invadieron el puerto de Leticia sobre el río Amazonas. En Colombia, este hecho produjo la exaltación del nacionalismo, al punto de que los conservadores y los liberales se unieron para apoyar al gobierno, lo que postergó durante un tiempo el resurgimiento de la violencia bipartidista. Este nacionalismo despertó la solidaridad de los colombianos quienes donaron dinero y joyas para equipar a las fuerzas militares. El presidente Olaya Herrera delegó al general conservador Alfredo Vásquez Cobo la organización de una expedición fluvial por el río Amazonas. Además, la defensa del territorio nacional contó con el apoyo de la naciente Fuerza Aérea. En mayo de 1933, luego de varios meses de campaña, las hostilidades llegaron a su fin. Un año después, Colombia y Perú firmaron el Protocolo de Río de Janeiro, en el que se reconoció la soberanía colombiana.
Gobierno de López Pumarejo
Para 1934, los conservadores no se presentaron a las elecciones presidenciales, lo que permitió la victoria del candidato liberal Alfonso López Pumarejo. Bajo el lema de la Revolución en marcha, López inició una serie de reformas a nivel económico, político y social, algunas de las cuales fueron rechazadas posteriormente por las élites del país. Sin embargo; sectores disidentes del liberalismo como la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria, UNIR, fundada por Jorge Eliécer Gaitán en 1933, coincidieron en sus postulados sobre la reforma agraria, la reforma constitucional y el intervencionismo estatal propuestos por López.
La Revolución en marcha y la reforma de la sociedad colombiana
Como se comentó anteriormente, los gobiernos conservadores habían iniciado un proceso de modernización económica sin tomar en cuenta las estructuras sociales del país. En este sentido, la Revolución en marcha intentaba llevar a cabo una serie de reformas que pusieran a la par la modernización económica y social, y así evitar que la inequidad en que vivía el pueblo colombiano, desencadenara una revolución. La Revolución en marcha se centró en tres puntos:
Reconocimiento de los problemas de la clase trabajadora. Al contrario de los gobiernos conservadores, López reconoció los conflictos entre patrones y trabajadores y por eso intervino en las relaciones laborales, con lo cual se otorgaron mayores garantías a los empleados. Además, se estableció el derecho a la huelga, se organizó el Departamento Nacional del Trabajo y se creó la Central General de Trabajadores (CGT).
La Reforma Agraria. Con el objetivo de democratizar la tierra, el gobierno dictó la Ley 200 de 1936 o Ley de Tierras, que buscaba regularizar los procedimientos para titulación de tierras y darle la osibilidad de acceso a tierras baldías a campesinos humildes. Esta ley prohibió los desalojos de los campesinos que invadían tierras que no les pertenecían y permitió al Estado expropiar tierras en caso de ser necesario.
La reforma Constitucional de 1936. Con esta reforma, el gobierno quería lograr un mayor intervencionismo en el manejo económico y subyugar la propiedad privada a los intereses sociales. Otro aspecto de la reforma constitucional estuvo dirigido a la separación de las relaciones Iglesia y Estado. Se eliminó el artículo de la constitución
que ligaba la educación pública a la Iglesia católica y se promulgó la libertad de enseñanza.
La oposición
Aunque las reformas planteadas por la Revolución en marcha eran poco radicales, si se las comparaba con otras asumidas en otros países de América Latina, pues en realidad, solo buscaban modernizar la sociedad, además estas reformas fueron vistas por los conservadores, el clero, los industriales y latifundistas como la implantación de un régimen comunista. La Iglesia, desde los púlpitos incitaba a la oposición a López, en el Congreso, los conservadores, en alianza con un sector del liberalismo; hacían todo lo posible por torpedear las propuestas legislativas de López. Desde los jóvenes políticos e intelectuales pertenecientes a la derecha del país llamaban a la rebelión de los conservadores. Era tanto el miedo que la élite tenía a las reformas de López, que incluso un sector de su propio partido empezó a hacerle oposición, en especial los empresarios y latifundistas liberales, quienes en 1934 fundaron la Acción Patriótica Económica Nacional, APEN para hacerle frente a las propuestas de reforma agraria y tributaria. Así, el gobierno de López terminó con una profunda polarización política.
Gobierno de Eduardo Santos
Para el período de 1938 a 1942 fue elegido como presidente el liberal Eduardo Santos, quien triunfó unánimemente ante la abstención del conservatismo. Santos pertenecía al sector moderado del liberalismo y su gobierno fue denominado "la pausa", pues durante estos cuatro años se interrumpieron algunas de las reformas que se venían llevando a cabo durante el gobierno de López Pumarejo. Sin embargo, cabe anotar que bajo su mandato se creó el Ministerio del Trabajo cuyo objetivo era regular las relaciones de los obreros con lo patrones.
Bajo el lema de Convivencia Nacional, Santos enfrentó las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. La suspensión de las exportaciones a Europa afectó a los productores de café y banano, al tiempo que las importaciones disminuyeron, lo cual obligó al gobierno a adoptar una política proteccionista y a estimular el desarrollo industrial. En las relaciones internacionales, Santos estrechó los lazos con Estados Unidos, tanto así, que en lugar de declararse neutral en la Segunda Guerra Mundial, se alineó con los aliados y empezó a restringir las actividades políticas de los ciudadanos pertenecientes al Eje, en especial los alemanes.
El segundo gobierno de López
Para las elecciones presidenciales de 1942, el liberalismo se dividió en dos candidaturas, la del expresidente Alfonso López Pumarejo y la de Carlos Arango Vélez. Mientras López fue respaldado por la izquierda y por el partido comunista, Arango fue apoyado por el conservatismo y el ala derechista del partido liberal. Finalmente, el triunfo fue nuevamente para López Pumarejo. En contraste con su primer gobierno, López no continuó con las reformas de la Revolución en marcha y se acercó a los banqueros y comerciantes, distanciándose de los sectores populares que lo habían apoyado en su primer mandato. Pero a pesar de que López ya no representaba una amenaza para las élites, el partido conservador, cada vez más fortalecido, llevó a cabo una fuerte oposición, en especial, mediante la revelación de una serie de escándalos que involucraban a la familia presidencial. La creciente crisis política y por lo tanto, el aumento . de la impopularidad y la desconfianza hacia López hizo que, en julio de 1944, un grupo de militares intentara darle un golpe de Estado. Producto de este hecho, López renunció a su cargo en julio de 1945, y fue remplazado por el también liberal Alberto Lleras Camargo.
Caída de la República Liberal
Aunque el objetivo de la renuncia de López era apaciguar un poco la oposición política, esta siguió creciendo. Por si esto fuera poco, las peleas internas entre el liberalismo hicieron que el partido se presentara con dos candidatos para las elecciones presidenciales de 1946: Gabriel Turbay, representante del sector oficialista del partido, y Jorge Eliécer Gaitán, representante de una fracción del liberalismo cercana a la izquierda. De manera similar a lo ocurrido en 1930, el partido conservador volvió a la presidencia a raíz de la división ~el partido liberal. Los conservadores ascendían al poder en medio de un clima de violencia e intransigencia política casi generalizado.
Jorge Eliécer Gaitán
"Yo no soy un hombre, soy un pueblo". Esta frase, pronunciada en 1947 durante un discurso frente a varios miles de personas en la Plaza de Bolívar de Bogotá, es quizá la más conocida y representativa de este político liberal. Gaitán nació en el año de 1898 en Bogotá, aunque algunos afirman que su verdadero lugar de nacimiento fue la población cundinamarquesa de Manta. Estudió Derecho en la Universidad Nacional de Colombia y posteriormente se especializó en la ciudad de Roma (Italia). Fue Representante a la Cámara, concejal, alcalde de Bogotá, ministro de educación y candidato a la presidencia por el partido liberal en 1946.
El caudillo del pueblo
Gaitán tuvo entre sus mayores seguidores a los miembros de las clases populares y de la clase media. Su ideario político promovía el mejoramiento de las condiciones de vida de la población urbana y campesina a través de la educación, la higiene y mejoras salariales para los trabajadores. En 1929, cuando fue Representante a la Cámara, se hizo célebre por denunciar el asesinato de varios trabajadores de la empresa bananera United Fruit Company que protestaban por los abusos laborales a los que eran sometidos. En 1933 se alejó del partido liberal y fundó la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria UNIR, pero dos años después el mismo Gaitán lo disolvió para volver a las toldas del liberalismo. Su cercanía con el pueblo, el gran carisma y la alta popularidad que profesaba le valieron el rechazo por parte de las élites gobernantes.
Gaitán y el populismo
Uno de los ejes ideológicos que caracterizaron el pensamiento de Gaitán fue el populismo. Esta corriente de pensamiento planteaba ideas de corte antioligárquico, nacionalista y antiimperialista. Sustentaba su apoyo principalmente en las clases menos favorecidas, los sectores obreros y todos aquellos a los que las élites nacionales discriminaban y mantenían alejados del poder. Las élites se opusieron a Gaitán porque consideraban que su pensamiento era cercano al comunismo y porque creían que a través de su discurso incitaba a las clases populares a la revolución.
La transformación de la economía colombiana
Durante la primera mitad del siglo XX, Colombia sufrió grandes trasformaciones en el campo económico. En primera instancia, logró insertarse en el mercado internacional lo que le permitió pasar de una economía agropecuaria a una economía de agro exportación e industria. Estos cambios influyeron profundamente en nuestra sociedad, pues Colombia dejó de ser un país rural para convertirse paulatinamente en un país urbano.
El café y el inicio de la industrialización
Después de la Guerra de los Mil Días y durante casi cincuenta años, Colombia vivió el crecimiento sostenido de las exportaciones de café. El aumento de la demanda mundial por el grano y la relativa estabilidad política que vivió el país durante las primeras décadas, fueron las causas de que el café se convirtiera en el principal producto de exportación.
Con el aumento de las exportaciones se expandieron las tierras dedicadas al cultivo del grano, en especial, hacia el occidente del país, en lo que hoy llamamos el eje cafetero. El Estado también se benefició con el auge de la economía cafetera, pues debido a los impuestos que se cobraban al café, se pudo invertir en la construcción de obras de infraestructura. Por último, los comerciantes y cultivadores del grano recibieron grandes ingresos, los cuales fueron invertidos en la fundación de industrias, con lo que se inició el proceso de industrialización.
La industrialización en Colombia
Además del impulso dado por la economía cafetera, tuvieron que suceder otros hechos para que la industrialización se consolidara en el país. El primero de ellos fue la implementación de una serie de medidas económicas de corte proteccionista, tomadas por los gobiernos, en especial los conservadores, para incentivar la creación de industrias nacionales. El segundo hecho está relacionado con las crisis económicas mundiales ocurridas luego de la Primera Guerra Mundial y de la Gran Depresión de 1929. Estas crisis generaron una disminución de la producción industrial de algunos productos, especialmente los relacionados con los bienes de consumo (textiles, alimentos, etc.) que obligó, a los gobiernos de los países no industrializados, a impulsar la creación de fábricas para cubrir la demanda interna de tales bienes.
En Colombia, la industria se desarrolló en tres zonas: Bogotá, Barranquilla y Antioquia; siendo esta última la más importante. El sector que más se desarrolló fue el textil, en el cual se destacan las fábricas Coltejer, fundada en 1907, Fabricato, creada en 1920 y Tejícóndor, conformada en 1934. Además de la industria textilera, en Colombia se crearon fábricas relacionadas con las industrias de cerveza, de alimentos, de fósforos y de cemento.
El petróleo
Durante la primera mitad del siglo XX, en Colombia también se desarrolló la explotación petrolera. Esta actividad, a diferencia del cultivo del café y de la industria manufacturera, estuvo siempre en manos de inversionistas y compañías extranjeras, hasta la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol en 1951.
La historia de la explotación petrolera en Colombia se remonta a la primera década del siglo XX cuando el presidente Rafael Reyes le entregó en concesión a Roberto de Mares, el yacimiento petrolífero de Barrancabermeja y a Virgilio Barco, el de la selva del Catatumbo. Estos dos colombianos, como no tenían el capital suficiente para iniciar la explotación, decidieron entregarles las concesiones a compañías norteamericanas. Luego de intensas discusiones, el gobierno aprobó este negocio y le entregó, a la Tropical Oil Company, la concesión de Mares y a la Colombian Petroleum, la concesión Barco.
Los términos de estos dos contratos fueron desfavorables para el país pues, por un lado, las zonas de explotación petrolera quedaban prácticamente bajo control de las compañías extranjeras, y por el otro, el Estado colombiano solo recibía entre un 7 y un 14% de las ganancias. El único punto que menos desventajas representaba para Colombia era que estas concesiones tenían que ser devueltas al país en un plazo de más o menos treinta años. Así en 1948 el gobierno colombiano creó a Ecopetrol con el objetivo de hacerse cargo de las concesiones devueltas por las compañías extranjeras. La Tropical Oil fue la primera en devolver los yacimientos petroleros de Barrancabermeja. Desde ese momento, Ecopetrol comparte la explotación petrolera con compañías extranjeras.
El banano
Otra actividad económica que contó exclusivamente con la inversión de capitales extranjeros fue el cultivo del banano. Este se inició a principios del siglo XX y en la década de los años veinte ya representaba el 6% de las exportaciones totales del país, pero gran parte de los ingresos quedaban en manos de la United Fruit Company, compañía norteamericana encargada de comercializar frutas producidas en las zonas tropicales del mundo. Esta empresa estableció sus operaciones en la región de Ciénaga, un lugar ubicado en la Costa Atlántica, cercano a Santa Marta. La United Fruit nunca fue propietaria de la tierra en donde se producía el banano, en vez de ello, compraba la producción a productores locales. Aun así, al igual que lo que ocurrió con la explotación petrolera, esta compañía se convirtió prácticamente en la administradora de la región.
Urbanización
La inserción de Colombia al mercado internacional y su posterior proceso de industrialización iniciaron la transformación del país de una sociedad rural a una urbana. Tanto las industrias manufactureras como las agencias importadoras y exportado ras, instaladas en las principales ciudades del país, necesitaban grandes contingentes de mano de obra para poder funcionar. Fue así como se inició la migración de personas del campo hacia las ciudades, lo cual produjo su crecimiento. A este proceso se le denominó urbanización.
Movimientos sociales
Las transformaciones económicas de la primera mitad del siglo XX produjeron otro cambio en la sociedad colombiana: la aparición del obrero urbano y rural. Este nuevo actor social, poco a poco empezó a organizarse y a participar en la política del país.
Artesanos y organizaciones obreras
Aunque a inicios del siglo XX se crearon bastantes industrias, el número de obreros frente a los artesanos era bastante bajo. Por lo tanto, el artesano, un trabajador manual calificado y dueño de su taller o lugar de trabajo, fue el principal encargado de dirigir las luchas y los movimientos sociales durante las dos primeras décadas del siglo XX. Para tal fin, los artesanos se organizaron con los obreros y fundaron asociaciones como la Unión de Industriales y Obreros en 1904 y la Unión Obrera Colombiana en 1913. A través de estas organizaciones, los artesanos les trasmitieron una tradición organizativa y combativa a los obreros.
Para finales de la primera década del siglo XX, el número de obreros frente a los artesanos aumentó. Esto hizo que los obreros relevaran a los artesanos en la dirección de las .luchas y movimientos sociales. Así surgieron asociaciones obreras como el Partido Obrero en 1916 y la Asamblea Obrera en 1919.
Características de los obreros
Durante la primera mitad del siglo XX, los obreros eran los trabajadores asalariados que laboraban en la trilla de café, el procesamiento de alimentos, los textiles, los cultivos de bananos, las petroleras y el sector de los transportes. Desde un inicio, la clase obrera estuvo compuesta por mujeres, pues ellas, eran las más contratadas en la industria textilera.
El obrero revolucionario
Las primeras organizaciones obrero-artesanales no tenían un carácter socialista o revolucionario, por lo general, buscaban el mejoramiento de sus condiciones de vida. Pero esta situación cambió en los años veinte cuando los obreros empezaron a conocer las ideas socialistas, anarquistas, marxistas y bolcheviques. Desde este momento, surgió en el proletariado la necesidad de crear, tanto organizaciones sindicales como partidos políticos de tendencia revolucionaria y socialista, que defendieran exclusivamente sus intereses. Es así como, en 1925, se fundó la Confederación Obrera Nacional, CON y, en 1926, su brazo político el Partido Socialista Revolucionario, PSR. Hacia 1929, el PSR se alió con un sector radical del liberalismo para intentar la primera revolución socialista en Colombia, la cual fracasó. Este hecho, causó una crisis dentro del PSR de la cual surgiría el Partido Comunista Colombiano (PCC).
Centrales unitarias de trabajadores
Luego de la experiencia fallida de la CON y del PSR, la clase obrera vio la necesidad de conformar una gran central de trabajadores que aglutinara al mayor número de sindicatos del país. Aprovechando el impulso reformista del gobierno de López y la legislación laboral expedida por él, obreros del liberalismo y del PCC formaron en 1938 la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC. Ocho años después, los jesuitas, con el apoyo del partido conservador, formaron la Unión de Trabajadores de Colombianos, UTC una central obrera de línea conservadora.
El conflicto social durante la segunda mitad del siglo XX
La organización de los obreros en sindicatos y partidos políticos, y las luchas por el mejoramiento de sus condiciones de vida y por la transformación de las estructuras sociales, trajo como consecuencia el enfrentamiento de aquellos contra las élites del país y en últimas, contra el Estado.
Durante los gobiernos conservadores, las huelgas de los trabajadores fueron duramente reprimidas y sus peticiones, poco escuchadas. Líderes obreros y campesinos, intelectuales y políticos simpatizantes de las luchas obreras y campesinas eran perseguidos y encarcelados. Este ambiente de intolerancia frente a los movimientos sociales y a sus protestas tuvo como máxima expresión la Masacre de las Bananeras, ocurrida e16 de diciembre de 1928.
Esta masacre tuvo como trasfondo la huelga de trabajadores de la United Fruit Company, iniciada en noviembre de 1928 en la región bananera del departamento del Magdalena. Los trabajadores solicitaban la abolición del subcontrato, el aumento de salarios y la eliminación del pago en bonos de compra. La compañía les negó el pliego de peticiones. El gobierno de Abadía, protegiendo los intereses de la United Fruit reprimió la huelga, mandando un contingente del ejército que abrió fuego contra una manifestación que se desarrollaba en la población de Ciénaga. El saldo fue de más de mil trabajadores muertos.
La agudización de los conflictos agrarios
Otro sector social que protestó para mejorar sus precarias condiciones de vida fueron los campesinos. Durante toda la segunda mitad del siglo XX, ellos también hicieron sentir su voz para exigir principalmente el cambio de la forma de tenencia de la tierra. Para la época, gran parte de la tierra cultivable estaba concentrada en pocas manos, entonces, los campesinos tomaron una serie de acciones tales como la invasión de predios para obligar al gobierno a democratizar la propiedad. Los diferentes gobiernos, en especial los conservadores, se alinearon con los terratenientes para impedir
estas acciones y perseguir a los campesinos que las realizaban.
El gobierno de López fue consciente de esta situación y para remediada, promulgó la Ley 200 de 1936. Sin embargo, esta ley tuvo un efecto contrario al esperado: los terratenientes, al ver que algunos colonos que vivían en sus tierras podían reclamar la propiedad sobre ella, decidieron expulsados. De-este modo, después de 1930, el conflicto agrario y la violencia entre terratenientes y campesinos aumentaron vertiginosamente y se convirtieron en una de las causas que engendraron el período de la Violencia.
El nuevo triunfo conservador (1946-1953)
Debido a la división del partido libera1, entre los candidatos Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay, la contienda electoral a la presidencia de 1946 fue ganada por el conservador Mariano Ospina Pérez. A pesar de los intentos por trabajar de la mano de ambos partidos, durante su gobierno se agudizó el conflicto bipartidista. El asesinato de Gaitán, ocurrido en abril de 1948, produjo un incremento de la violencia, exacerbada posteriormente durante el gobierno de Laureano Gómez.
La Unión Nacional
De manera similar a Olaya Herrera, Ospina promovió durante la campaña electoral la idea de un gobierno de Unión Nacional que, en la práctica, significaba la participación de los liberales en el poder, con el fin de evitar la violencia partidista. Sin embargo, los gaitanistas y un sector de los conservadores encabezádos por Laureano Gómez se opusieron a la propuesta de Ospina. De hecho los únicos que estuvieron de acuerdo con ella fueron los liberales moderados.
Desde su inicio, la política de Unión Nacional fue un fracaso pues, al mismo tiempo que se daba cabida a algunos liberales en el gabinete ministerial, se remplazaba al personal liberal de la policía y de los órganos ejecutivos regionales por conservadores sectarios. La Unión Nacional llegó a su fin en marzo de 1948 cuando los liberales moderados se retiraron del gobierno alegando falta de garantías para su partido.
El Bogotazo
En el año 1948, Bogotá se preparaba para realizar la IX Conferencia Panamericana, en la que se buscaba sentar las bases de la cooperación latinoamericana contra el comunismo, liderada por los Estados Unidos. El 7 de febrero, Gaitán pronunció su famosa Oración por la Paz, en la que pedía al presidente Ospina Pérez que tomara medidas ante la violencia que sacudía al país. Dos meses después, el 9 abril, el Caudillo del Pueblo cayó abaleado por Juan Roa Sierra frente a un edificio del centro de la ciudad. La reacción que produjo esta muerte entre sus seguidores derivó en motines de protesta que pedían la renuncia del presidente Ospina y la salida de los conservadores del poder. También hubo actos de vandalismo y enfrenamientos con el ejército. El Bogotazo fue uno de los levantamientos populares más grandes de la historia del país.
1949: un año crítico
Con el asesinato de Gaitán, la violencia partidista se agudizó. A media-dos de 1949, se llevaron a cabo las elecciones para el Congreso en las que resultó victorioso el partido liberal. Desde allí el liberalismo realizó una profunda oposición al gobierno Ospina. Esta creciente oposición llevó a Ospina a declarar el estado de sitio y a clausurar el Congreso, las Asambleas Departamentales y los Concejos e imponer la censura para prensa y radio.
Logros del gobierno de Ospina
A pesar del caos político e institucional, el desarrollo económico de Colombia fue bastante bueno durante el gobierno de Ospina. En sus años de mandato, el PIB fue del 5% en promedio. En el campo social, se destacó la fundación del Ministerio de Higiene y del Instituto de Seguros Sociales, instituciones que venían gestándose desde los gobiernos anteriores. También se promovió la creación de empresas estatales como la siderúrgica de Paz del Río y la empresa de comunicaciones Telecom.
Gobierno de Laureano Gómez
En diciembre de 1949, sin la participación de otros candidatos, fue elegido presidente el conservador Laureano Gómez, para el período 1950-1954. Gómez se caracterizó por su intransigencia política y radicalismo religioso. Excluyó a los liberales del gobierno e inició una persecución contra sus opositores, promoviendo aún más la violencia política.
En años anteriores, Gómez había sido un confeso franquista y anti norteamericano. Sin embargo, durante su presidencia, se dedicó a estrechar los lazos con los Estados Unidos apoyando la lucha contra el comunismo.
En 1950, comenzó la Guerra de Corea, en donde los Estados Unidos intervinieron militarmente para impedir la expansión comunista de la Unión Soviética en el oriente asiático. Gómez creó un contingente especial de soldados denominado Batallón Colombia, enviado a Corea para apoyar a los estadounidenses. Colombia se configuró de esta manera como aliado directo de Estados Unidos durante la Guerra Fría.
La ANAC y la caída de Gómez
En 1951, Gómez convocó a una Asamblea Nacional Constituyente, ANAC, para elaborar una nueva Constitución. Esta le daría más poder al presidente, convertiría al congreso en un órgano corporativista, suprimiría la libertad de crítica y establecería la educación católica. La Asamblea debía reunirse el15 de junio de 1953 para iniciar sus labores. Sin embargo, los acontecimientos de ese año impidieron su realización.
En noviembre de 1951, y debido al delicado estado de salud de Gómez, Roberto Urda neta fue elegido como designado a la presidencia. El desborde de la violencia, agravado con la aparición de guerrillas en los Llanos Orientales, y la inestabilidad política, continuaron durante su gobierno. Gómez reasumió la presidencia el 13 de junio de 1953, pero para las élites, él no era la persona más indicada para manejar el problema de orden público ni para crear otra Constitución. Es entonces cuando un grupo de conservadores, liberales y militares planifica un golpe de Estado que lleva a cabo ese mismo día. Ofrecieron la presidencia a Urdaneta, pero ante la negativa de este, propiciaron la subida del general del ejército Gustavo Rojas Pinilla, quien asumió la presidencia de la República.
La Violencia
La Violencia es el período de historia colombiana, comprendido entre 1930 y 1953, en el que los dos partidos políticos tradicionales, el liberal y el conservador, se enfrentaron a través de las armas. Para comprender el fenómeno de La Violencia, es preciso distinguir las dos etapas de su desarrollo: la primera, que ocurrió a comienzos de los años treinta con el regreso de los liberales a la presidencia; y la segunda, que se inició en 1946, y se agudizó tras el asesinato de Gaitán.
La violencia de los años treinta
El ascenso del partido liberal al poder en 1930 produjo descontento en amplios sectores del partido conservador y la Iglesia. En departamentos como los Santanderes y Boyacá, los conservadores decretaron la desobediencia civil y promulgaron el desconocimiento del nuevo gobierno. Los liberales por su parte, iniciaron un proceso de "liberalización", cuyo objetivo era reemplazar a los alcaldes, policías y otros funcionarios de tendencia conservadora, por miembros pertenecientes al partido liberal. En estas circunstancias, el temor por la pérdida de los cargos públicos y la transformación del poder en beneficio del liberalismo, condujeron al enfrentamiento armado entre los dos partidos.
El conflicto de estos años estuvo centrado en los Santanderes y Boyacá, aunque hubo brotes de violencia en departamentos como Tolima y Cundinamarca. Una de las regiones más afectadas durante esta primera etapa de la violencia fue la provincia santandereana de García Rovira. Allí, la liberalización de los cargos públicos, el nombramiento de alcaldes liberales en zonas conservadoras, la oposición de los conservadores y de la Iglesia, las bandas armadas de uno u otro partido y el revestimiento de los conflictos privados con asuntos partidistas desencadenaron una etapa de violencia. Frente a este malestar, el presidente Olaya Herrera se vio precisado a establecer políticas de pacificación como la recolección de armas, la militarización de las regiones y la persecución y el apresamiento de los responsables.
La Violencia de mediados de los años cuarenta
La segunda etapa comprende de 1946 a 1953. Tiene sus raíces en las fuertes diferencias entre sectores radicales de ambos partidos que, además, excluían y discriminaban a otras corrientes políticas y sociales. En 1946, la violencia política se reactivó en los departamentos de Boyacá, Cundinamarca y los Santanderes, es decir, los lugares conflictivos de la primera violencia. Hechos como el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, la extremada polarización política, la incapacidad del gobierno para controlar y castigar los hechos violentos, las condiciones de pobreza de las clases populares y el aumento del conflicto agrario, ayudaron a que la violencia se extendiera por la mayor parte del territorio nacional, principalmente en los departamentos de Antioquia, Bolívar, Caldas, Cundinamarca, Nariño, Tolima, Valle y los Llanos Orientales.
Entre 1948 y 1953, la violencia se recrudeció aún más. La policía fue reestructurada luego de los sucesos del 9 de abril y se convirtió en un órgano sectario del conservatismo. Apareció la policía chulavita, conformada por personas provenientes de la vereda Chulavita -ubicada al norte de Boyacá- que se caracterizaron por su crueldad y fanatismo político. En contraparte, los comunistas y los liberales crearon sus propios grupos armados o guerrillas, integradas mayoritariamente por campesinos. Así, mientras los comunistas conformaron guerrillas en sus zonas de influencia, principalmente Cundinamarca y Tolima, los liberales lo hicieron en Antioquia, Tolima, Santander y los Llanos Orientales.
Entre los líderes más destacados de las guerrillas liberales figuran: Guadalupe Salcedo, Juan de la Cruz
Varela y Juan Franco. Bajo las órdenes de estos hombres, las guerrillas alcanzaron un alto grado de organización y se impusieron en las regiones que controlaron. Durante los años que enmarcan esta segunda etapa de la Violencia, se cometieron actos atroces: torturas, masacre s e incendios.
Violencia y economía
La Violencia produjo dos caras de la moneda a nivel económico, pues mientras las clases humildes, especialmente los campesinos, fueron los más afectados al perder sus trabajos y pequeñas parcelas ante las acciones armadas de uno y otro partido, las clases pudientes, como los industriales y comerciantes de café, vivieron una época de crecimiento económico. Esto último se debió a dos razones: primero, a que entre 1946 y 1957, los precios mundiales del café se mantuvieron en alza; y segundo, a que los circuitos de compra y venta del café en Colombia no fueron afectados por la violencia. El caso de los industriales es semejante. Entre 1948 y 1953 la producción industrial se incrementó en 56% debido a que los gobiernos de Ospina y Gómez implantaron una serie de medias proteccionistas para estimular el desarrollo industrial.
El gobierno de Rojas Pinilla
El golpe de Estado del general del ejército Gustavo Rojas Pinilla fue una maniobra de las élites políticas colombianas para impedir, por un lado, que Laureano Gómez llevara a cabo su propuesta de creación de una nueva constitución para el país; y, por el otro, para encontrar una solución a la violencia política que estaba fuera de control. Por eso su figura fue bien recibida por la mayoría de los sectores del país. La Iglesia, los conservadores, los liberales y hasta las clases menos favorecidas apoyaron al general Gustavo Rojas al poder.
Sin embargo, con el paso de los años, la violencia no disminuyó lo cual trajo una profunda desilusión. Pero, sin lugar a dudas, lo que más preocupó a las élites de los partidos liberal y conservador fue que Rojas quiso construir un proyecto político sin contar con ellas. Fue en ese momento cuando los dirigentes de los partidos tradicionales se aliaron para derrocar al general y recuperar el poder.
Primer año de gobierno
Para que el gobierno del general Rojas fuera legítimo, los sectores del bipartidismo que respaldaron el golpe, impusieron la creación de una Asamblea Nacional Constituyente, ANAC. Mediante el Acto Legislativo número 1, del 18 de junio de 1953, la Asamblea decretó que el general Gustavo Rojas Pinilla asumiría las funciones de presidente de la República hasta el final del período presidencial, es decir, hasta el 7 de agosto de 1954. Rojas asumió el poder con el claro objetivo de acabar con la caótica situación del país y de restablecer la paz entre los partidos. Por ello, su gobierno buscó generar un clima propicio para la negociación con los grupos armados que operaban en la clandestinidad, decretando una amnistía para las guerrillas liberales en el segundo semestre de 1953. En términos generales, este fue un proceso de paz relativamente exitoso que devolvió a la vida civil a un número importante de guerrilleros. De esta forma, se logró un armisticio que se extendió por un año, aunque posteriormente renaciera la violencia, especialmente en las áreas rurales de los departamentos de Santander, Cundinamarca y Tolima.
Logros del gobierno de Rojas Pinilla
Rojas impulsó importantes cambios que incidieron en la modernización del país. Inició la construcción de obras como el aeropuerto El Dorado de Bogotá, el Hospital Militar y el ferrocarril del Magdalena; apoyó el establecimiento de la Televisora Nacional y la creación del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA. En materia social, Rojas mantuvo relaciones estrechas con los obreros y los trabajadores del país, lo cual le permitió ganar popularidad entre estos sectores sociales. A estos logros, se sumó el reconocimiento del voto femenino, hecho que puso a Colombia en igualdad con las demás naciones latinoamericanas que, casi en su totalidad, ya habían institucionalizado este derecho.
Del MAN a la Tercera Fuerza
En 1954, Rojas consiguió que la Asamblea Constituyente decretara la prolongación de su gobierno hasta 1958. Desde este momento, Rojas se distanció del apoyo bipartidista que lo había llevado al poder, conformó un tercer partido en diciembre de 1954: el Movimiento de Acción Nacional, MAN, integrado por trabajadores, clases medias y militares. Sin embargo, la oposición de los liberales y conservadores a través de la prensa (de la cual eran dueños), llevó a la desaparición del MAN en 1955.
El 13 de junio de 1956 Rojas creó un nuevo movimiento que buscaba atraer a la población atada a los dos partidos tradicionales: La Tercera Fuerza. Al igual que el MAN, La Tercera Fuerza respaldó al gobierno militar y aglutinó a campesinos, artesanos, y clases medias bajo ideas de corte populista. Los partidos tradicionales se opusieron de nuevo. La respuesta de Rojas fue la represión, lo cual radicalizó la oposición y produjo el descontento de muchos colombianos.
La crisis del gobierno de Rojas
Una de las causas de la caída del gobierno de Rojas fue el rechazo al modelo político que intentó establecer. Las políticas populistas y la creación de La Tercera Fuerza no fueron del agrado de las élites, pues significaban la pérdida del poder que tradicionalmente habían ostentado. Otra causa fue la persecución y represión a sus opositores, que culminó en sucesos como el asesinato del estudiante universitario Uriel Gutiérrez en junio de 1954, cuando, en compañía de varios compañeros de la Universidad Nacional, protestaba pacíficamente. La censura de radio y prensa se agudizó con la clausura del diario El Tiempo, en 1955. La crisis del régimen de Rojas era evidente, y ellO de mayo de 1957 varios manifestantes, opositores del régimen, se congregaron en la Plaza de Bolívar para pedir un nuevo gobierno. Rojas, ante la creciente oposición, dejó el mando en manos de una Junta Militar conformada por los generales Gabriel París, Deogracias Fonseca y otros militares.
La violencia
Aunque Rojas llevó a cabo procesos de paz exitosos con las guerrillas liberales, la violencia no cesó, debido a que la reconciliación entre liberales y conservadores en las zonas rurales no era tan fácil. La intransigencia y los odios políticos continuaron: reductos de grupos como los chulavitas, los "pájaros" (bandas armadas conservadoras) y los bandoleros (ex guerrilleros liberales) siguieron actuando en algunas zonas del país. Además, el conflicto agrario, una de las principales causas que engendraron la Violencia, no fue resuelto durante su mandato.
Instauración De Las Dictaduras En América Latina Y Su
Impacto En Los Movimientos Sociales Y Políticos
El legado de la oligarquía Latinoamericana.
Unos de
los factores determinantes, a la hora de enfrentar el tema, es la herencia
ideológica y económica de la clase social oligárquica.
En los primeros pasos de los estados
independientes de América latina, se
establece un nuevo grupo de dominio entre los emergentes comerciantes, mineros, hacendados y cafetaleros (estos últimos, en
centro América) con sus consecuencias políticas, sociales y económicas. La Oligarquía tuvo su periodo de desarrollo y
predominio en las últimas décadas del 1800 y las primeras del siglo entrante.
Primeramente capturan el poder económico con la explotación de recursos y la
consiguiente acumulación de capital entre familias, para posteriormente
conquistar el
poder del estado. De esta manera la capacidad de decisión de los estados estaba
concentrada en un grupo social reducido, vinculado familiarmente. Esta
convergencia de poder político y económico establece marcadas jerarquías
sociales, que definirán un modo de entender la sociedad latinoamericana. La
explotación de los estratos sociales bajos, a través del inquilinato (agrícola)
o el esclavismo (cafetalero) contribuyeron a la construcción de una idea de
poder político-económico hegemónico, centralizado y paternalista, alrededor del
cual se ampara la población, en una relación de
supervivencia, que comprendía además la fidelidad y sumisión, trascendiendo de lo material, hacia lo
ideológico
En
América Latina, pese a la poderosa influencia que en su origen y posterior
configuración tuvieron las ideas de la revolución francesa, numerosos países
latinoamericanos vivieron desde su nacimiento largos períodos de anormalidad
democrática. El poder político de las naciones independizadas fue débil, y
promovió el desarrollo del caudillismo. Aunque la guerra terminó con el
monopolio español, las naciones latinoamericanas quedaron a merced de la
influencia económica de Estados Unidos e Inglaterra, que dominaban el mercado
atlántico. Además, las potencias extranjeras (como Estados Unidos) veían con
gran recelo la unidad latinoamericana, pues podía poner en peligro sus
intereses sobre la región.
En
estas nuevas naciones, prevalecía un clima de confusión, desorganización e
inestabilidad provocando serias dificultades de tipo político y económico que
más bien generaron la disgregación de los estados.
El
siglo XIX presenció el surgimiento de numerosos caudillos que se rebelaron
contra los débiles gobiernos centrales tomando el control político de sus
respectivos países. Son ejemplos destacados del caudillismo Juan Manuel de
Rosas en Argentina, José Gaspar Rodríguez de Francia en Paraguay y Antonio
López de Santa Ana en México.
Dictaduras en el siglo XX
A lo
largo de todo el siglo XX, con el objetivo de conservar los aspectos centrales
de un orden social que garantizaba, reproducía y ampliaba sus beneficios
económicos, las clases dominantes de los países de América Latina impulsaron
golpes de Estado, llevados a cabo por las Fuerzas Armadas de sus respectivos
países, y el establecimiento de diferentes tipos de dictaduras.
En algunos casos, como los de Nicaragua, México
y Paraguay las dictaduras significaron la continuidad sin variantes de las
formas oligárquicas de ejercicio del poder, construidas durante el siglo XIX, y
la negación de la mayoría de los derechos civiles, políticos y sociales. Estas dictaduras
fueron ejercidas por un miembro de los grupos de mayor poder económico o por un
militar que los representaba, rodeado siempre de numerosos familiares y amigos.
En
otros casos, las dictaduras fueron impuestas por algunos sectores de las clases
dominantes que intentaban recuperar el control absoluto de las decisiones
económicas, ante la amenaza que, para sus privilegios materiales, representaban
los cambios impulsados por los movimientos sociales que habían llegado al
gobierno mediante el voto de la mayoría de la población.
Un caso
particular de estas últimas dictaduras, lo representan las que se establecieron
a partir de la década de 1960. Mediante diversos golpes de Estado fueron
desplazadas las autoridades electas en la mayoría de los países de América
Latina, y se instalaron dictaduras que produjeron profundas transformaciones en
el orden social.
America Latina En El Marco De La Globalizacion Y El
Neoliberalismo
La construcción del neoliberalismo como la salida capitalista a la crisis y a los cuestionamientos sociales que lo confrontaban en la década de 1970, supuso un intenso proceso de crisis, conflictos y cambios socio-políticos y económicos que se extenderá durante varias décadas[1]. En el marco del mismo, la expansión internacional del neoliberalismo signada por su proyección hacia el Sur y el Este, tras la caída del muro de Berlín y el derrumbe de los llamados regímenes del socialismo real en Europa Central y la URSS entre 1989 y 1991 habrá de ser bautizada como globalización.
Así, la globalización neoliberal será una forma de referir a las particularidades del nuevo ciclo de mundialización capitalista intensificado en la década de 1990[2]. Desde una perspectiva apologética, esta globalización fue presentada como un proceso de creciente interdependencia entre los países y las naciones a nivel internacional resultado del impacto de la revolución tecnológica en curso en el terreno de las comunicaciones, las finanzas, el comercio y la producción a nivel mundial. Justificada así bajo la invocación al progreso científico-técnico, la globalización querrá presentarse como un proceso inevitable, el único capaz de ofrecer crecientes beneficios, bienestar y progreso a los pueblos y las naciones que decidan participar del mismo, condenando al atraso, el caos y la barbarie a los que se animaran a rechazar tal invitación. Un somero balance de los resultados de la década de 1990 da cuenta de un panorama completamente diferente al de ese idílico destino[3].
La hegemonía casi absoluta de la que gozó el neoliberalismo a nivel internacional durante esa década, significó la profundización de un furioso e intenso proceso de concentración del ingreso y la riqueza a escala global que ha sido llamado de polarización social mundial (Quijano, 2000; Amin, 2001) y que ahondó las desigualdades socio-económicas entre el Norte y el Sur, entre los distintos países de las diferentes regiones del mundo y al interior mismo de los espacios nacionales. Asimismo, bajo la invocación de la construcción del libre- mercado a nivel global tomó cuerpo en realidad una tendencia a la conformación de monopolios a escala internacional[4]. gestionados por la asociación no ausente de tensiones y conflictos a su interior entre las grandes corporaciones trasnacionales, los Estados de los países capitalistas desarrollados y los organismos internacionales[5] (Amin, 2001; Quijano, 2000; Boron, 2001). Esta realidad fue verbalizada en el terreno del pensamiento crítico y del debate político haciendo referencia al surgimiento de un nuevo imperialismo.
Por otra parte, en el análisis de las características que asumió esta globalización neoliberal en el terreno económico se ha hecho muchas veces referencia al proceso de financiarización de la economía y a la imposición de la valorización financiera a nivel internacional que la misma supuso y a las consecuencias que se derivan de ello. Sin embargo, otro aspecto de la mentada globalización neoliberal, menos promocionado aunque no menos importante, resulta el hecho de que ésta se caracterizó también por asignar un papel socio-económico relevante a lo que ha sido denominado acumulación por desposesión (Harvey, 2004). Por ello se hace referencia a un proceso de acumulación del capital que no se basa en la explotación de los y las trabajadoras, sino en la apropiación privada de bienes o recursos que se encontraban hasta ese momento (al menos relativamente) fuera del mercado; es decir, que no eran o no habían sido transformados en mercancías. Un ejemplo histórico del papel de este tipo de acumulación resulta la conquista y explotación del territorio bautizado como América bajo la colonización española y portuguesa y que fuera parte del proceso que, por su papel en el surgimiento y desarrollo del capitalismo, fuera llamado acumulación originaria (Marx, 1985).
Así, la acumulación por desposesión refiere a la apropiación privada mayoritariamente trasnacional de los llamados bienes comunes sociales (las empresas y los servicios que fueran transformados en públicos-estatales en particular a partir de mediados del siglo XX, por ejemplo) y de los denominados bienes comunes de la naturaleza (en referencia a lo que la teoría económica llama los recursos naturales). Si las contrarreformas neoliberales de primera generación bajo el Consenso de Washington de principios de los noventa supusieron la privatización de buena parte de los primeros, las siguientes generaciones de políticas neoliberales profundizarán la mercantilización de los segundos. la explotación de éstos resultó el centro del modelo económico propuesto para América latina en el marco de la nueva división internacional del trabajo que trajo la globalización neoliberal y que supuso y aún supone una reprimarización de la estructura productiva regional.
De este modo, la acumulación por desposesión implicó un complejo y amplio proceso de cambios regresivos: de reformas legales, de implementación de políticas públicas, de iniciativas de las corporaciones y asociaciones empresariales, de proyectos de organismos internacionales y, en definitiva, del uso de la violencia estatal-legal y paraestatal-ilegal; todos orientados a garantizar la efectiva desposesión de estos bienes a los pueblos y las comunidades que hasta entonces eran sus tenedores y cuidadores para su mercantilización (especialmente por medio de la privatización), que posibilitaba así su apropiación privada y su explotación capitalista. Una explotación intensiva, en la amplia mayoría de los casos de carácter transnacional y orientada a la exportación de las mercancías obtenidas para su venta-consumo en el mercado mundial. Este proceso general es el que recibe el nombre de saqueo. Su aplicación no sólo conlleva el desplazamiento de las poblaciones originarias y la destrucción de sus condiciones de vida, sino que también resulta en la depredación del ambiente afectando al conjunto de la vida en el territorio y proyectando sus sombras en el plano nacional y en el internacional.
Por otra parte, los cuestionamientos a esta depredación del ambiente que adoptaron inicialmente la forma de una lucha contra la contaminación, implicaban una experiencia de devastación y lucha local-nacional que darán sustento a una rápida y cada vez más profunda comprensión de los efectos devastadores del capitalismo sobre el ambiente y la vida a nivel global, y fructificarán en la relevancia que cobra en la intervención de los movimientos sociales latinoamericanos la detención del proceso de contaminación, cambio climático y catástrofe ecológica global hoy en curso. Expresión de ello es la iniciativa asumida por el actual gobierno de Bolivia en la figura de su presidente Evo Morales, con la convocatoria a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra tras el fracaso de la reciente Cumbre sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, realizada en Copenhague (Dinamarca). Esta problemática, sumada a las consecuencias de la mundialización neoliberal capitalista en los terrenos energético, alimentario, social y económico, ha hecho que la situación actual sea entendida además como una verdadera crisis de civilización hegemónica dando cuenta así de la amplitud, diversidad y complejidad de las alternativas que plantea.
Por último, la globalización neoliberal deparará igualmente consecuencias regresivas sobre la democracia y el carácter nacional de la autoridad estatal. En este sentido, bajo la celebración del fin del Estado-nación, tendrá lugar un proceso de privatización de la capacidad estatal de regulación social[6] y de la llamada soberanía nacional[7] frente a los poderes políticos, económicos y militares internacionales y a esa capacidad de nuevo constitucionalismo global detentada por las grandes corporaciones trasnacionales, que pondrá en entredicho de manera creciente la autonomía e independencia nacional de los países del Sur cifrando así la nervadura de un nuevo imperialismo. Esta lógica ha implicado también un profundo proceso de des-democratización y reconcentración del poder de la autoridad política, que supuso en la América latina de 1990 incluso una creciente restricción de las propias formas de la democracia representativa liberal (Quijano, 2000; Boron, 2000; Seoane, 2008).
El conjunto de estas características van a definir la novedad del imperialismo actual, que ha sido llamado en las últimas décadas alternativamente como un proceso de recolonización o de neocolonialismo. Estos términos hacen referencia tanto al retorno el primero como a la novedad el segundo que implica el colonialismo de hoy. Por ello se entiende habitualmente al dominio y la subordinación que un país detenta en lo económico, pero también en el orden político-militar, sobre un territorio-nación considerado así como colonia. Su uso está asociado de modo indisoluble a la expansión capitalista del siglo XIX y, en particular, a la conquista colonial promovida por las potencias capitalistas europeas durante ese siglo que tuvo en la trágica ocupación y distribución imperial de África su expresión más conocida.
Por contraposición, a principios de ese siglo la mayor parte de la América latina y Caribeña conquistaba su independencia política de la colonización española-portuguesa, aunque ello no haya supuesto una modificación del carácter subordinado de su integración en el mercado mundial. Justo para referirse a estos procesos de dominación económica en el marco de Estados-nación que en su forma aparecían políticamente independientes, a partir de mediados del siglo XX se extenderá el uso del término neocolonialismo. Frente a esta realidad también en América latina en la segunda mitad de la década de 1960 surgirá la llamada teoría de la dependencia que, en debate con la teoría del desarrollo, señalaba y buscaba analizar de forma crítica los mecanismos económicos y sociales externos e internos propios de la naturaleza capitalista que reproducen el subdesarrollo y la dependencia de la región. En fin, el concepto de colonialidad ha sido usado en América latina además, por lo menos en otros dos sentidos que merecen destacarse y tenerse en cuenta. Aníbal Quijano se ha referido al patrón colonial del poder como una marca característica de la estructuración del Estado-nación y la dominación en nuestra región desde la conquista hasta nuestros días (Quijano, 2000b). De esta manera, la colonialidad del poder hace referencia a un diagrama de dominación basado en la clasificación y jerarquización de la población a partir de la construcción y el uso del concepto de raza y al impacto que esta forma de dominación tiene, entre otras dimensiones, en el terreno del control y la producción de la subjetividad en especial bajo la forma del eurocentrismo. Asimismo, Pablo González Casanova utilizó el concepto de colonialismo interno para dar cuenta del proceso de dominación y explotación específico vigente a nivel nacional en América latina, más allá de que en el marco internacional estas formas coloniales parecieran o hubieran sido superadas (González Casanova, 2006).
El regreso actual al uso de la palabra recolonización para referirse a los procesos de dominación e imperialismo modernos remite así tanto al impacto de un nuevo ciclo de integración subordinada al mercado mundial forjado en la trama de la globalización neoliberal, como al impacto particular que el mismo tiene o proyecta tener en el futuro sobre la independencia política (en relación a la des-nacionalición y des-democratización) y al control militar del territorio (en alusión al despliegue militar, las guerras de invasión y sus lógicas de ocupación colonial que distinguen la actual relación entre el Norte [centro del capitalismo desarrollado] y el Sur [la periferia dependiente del sistema capitalista]). Pero también sirve para poner en entredicho la propia matriz colonial específica del Estado-nación latinoamericano y del patrón de poder de la dominación de clase en Nuestra América.
Este proyecto de recolonización orientado principalmente a la apropiación de los bienes comunes de la naturaleza supone, tal como lo habíamos mencionado antes, garantizar el proceso de desposesión de dichos bienes; vale decir, su sustracción a los actuales usufructuarios y/o el desplazamiento y la neutralización de las comunidades y poblaciones que habitan en estos territorios, lo que muchas veces significa su condena al exterminio o extinción. Así, el uso de la fuerza, de la violencia, ya sea por parte del Estado, de grupos paraestatales o ilegales, o de la cooperación o coexistencia entre ambos, se torna un componente esencial de este proceso. Una historia de sangre que recorre las masacres sufridas por movimientos indígenas, campesinos, de pobladores y territoriales en las últimas décadas de Nuestra América y que se acentúa en los últimos años. Una historia de violencia sistémica que ha motivado su caracterización como una guerra declarada a los pueblos pobres[8].
La construcción de esta globalización, en la misma medida que no supuso ni un efectivo libremercado mundial ni la tan mentada interdependencia igualitaria entre el Norte y el Sur, tampoco implicó el surgimiento de un espacio económico homogéneo y uniforme a nivel internacional sino que se desarrolló como un proceso de mundialización negociada en múltiples niveles que supuso, entre otras cuestiones, la construcción simultánea de integraciones en el plano regional bajo la hegemonía de alguna de las principales potencias capitalistas, áreas consideradas verdaderos patios traseros (en el sentido de la doctrina del espacio vital) para su desarrollo económico y para la proyección y defensa de sus intereses en la competencia global. Así, bajo la invocación de la doctrina Monroe, América latina fue el destinatario de la proclamada iniciativa estadounidense de integración subordinada desde principios de los noventa[9], iniciativa que tuviera en el Área de libre Comercio de las Américas (AlCA) una de sus expresiones más ambiciosas.
Este proceso de recolonización de América latina se confrontó con una creciente resistencia en la región que dio nacimiento a los llamados movimientos sociales y las coordinaciones internacionales en lo que fuera el capítulo regional del surgimiento de un nuevo internacionalismo y también a una intensa experimentación colectiva en el terreno de las formas de lucha, de organización, de las programáticas y los horizontes emancipatorios. Así, las resistencias frente a la apropiación y explotación trasnacionales de los bienes comunes de la naturaleza centro del modelo económico de la colonización-se tradujo asimismo en el punto de arranque de la elaboración de las alternativas. Una disputa societal sobre el uso social de los minerales, el agua, los hidrocarburos, la biodiversidad, la tierra, la flora y fauna que, como lo veremos a continuación, dirime además el futuro de la vida de la humanidad y del planeta todo.
NOTAS:
Así, la globalización neoliberal será una forma de referir a las particularidades del nuevo ciclo de mundialización capitalista intensificado en la década de 1990[2]. Desde una perspectiva apologética, esta globalización fue presentada como un proceso de creciente interdependencia entre los países y las naciones a nivel internacional resultado del impacto de la revolución tecnológica en curso en el terreno de las comunicaciones, las finanzas, el comercio y la producción a nivel mundial. Justificada así bajo la invocación al progreso científico-técnico, la globalización querrá presentarse como un proceso inevitable, el único capaz de ofrecer crecientes beneficios, bienestar y progreso a los pueblos y las naciones que decidan participar del mismo, condenando al atraso, el caos y la barbarie a los que se animaran a rechazar tal invitación. Un somero balance de los resultados de la década de 1990 da cuenta de un panorama completamente diferente al de ese idílico destino[3].
La hegemonía casi absoluta de la que gozó el neoliberalismo a nivel internacional durante esa década, significó la profundización de un furioso e intenso proceso de concentración del ingreso y la riqueza a escala global que ha sido llamado de polarización social mundial (Quijano, 2000; Amin, 2001) y que ahondó las desigualdades socio-económicas entre el Norte y el Sur, entre los distintos países de las diferentes regiones del mundo y al interior mismo de los espacios nacionales. Asimismo, bajo la invocación de la construcción del libre- mercado a nivel global tomó cuerpo en realidad una tendencia a la conformación de monopolios a escala internacional[4]. gestionados por la asociación no ausente de tensiones y conflictos a su interior entre las grandes corporaciones trasnacionales, los Estados de los países capitalistas desarrollados y los organismos internacionales[5] (Amin, 2001; Quijano, 2000; Boron, 2001). Esta realidad fue verbalizada en el terreno del pensamiento crítico y del debate político haciendo referencia al surgimiento de un nuevo imperialismo.
Por otra parte, en el análisis de las características que asumió esta globalización neoliberal en el terreno económico se ha hecho muchas veces referencia al proceso de financiarización de la economía y a la imposición de la valorización financiera a nivel internacional que la misma supuso y a las consecuencias que se derivan de ello. Sin embargo, otro aspecto de la mentada globalización neoliberal, menos promocionado aunque no menos importante, resulta el hecho de que ésta se caracterizó también por asignar un papel socio-económico relevante a lo que ha sido denominado acumulación por desposesión (Harvey, 2004). Por ello se hace referencia a un proceso de acumulación del capital que no se basa en la explotación de los y las trabajadoras, sino en la apropiación privada de bienes o recursos que se encontraban hasta ese momento (al menos relativamente) fuera del mercado; es decir, que no eran o no habían sido transformados en mercancías. Un ejemplo histórico del papel de este tipo de acumulación resulta la conquista y explotación del territorio bautizado como América bajo la colonización española y portuguesa y que fuera parte del proceso que, por su papel en el surgimiento y desarrollo del capitalismo, fuera llamado acumulación originaria (Marx, 1985).
Así, la acumulación por desposesión refiere a la apropiación privada mayoritariamente trasnacional de los llamados bienes comunes sociales (las empresas y los servicios que fueran transformados en públicos-estatales en particular a partir de mediados del siglo XX, por ejemplo) y de los denominados bienes comunes de la naturaleza (en referencia a lo que la teoría económica llama los recursos naturales). Si las contrarreformas neoliberales de primera generación bajo el Consenso de Washington de principios de los noventa supusieron la privatización de buena parte de los primeros, las siguientes generaciones de políticas neoliberales profundizarán la mercantilización de los segundos. la explotación de éstos resultó el centro del modelo económico propuesto para América latina en el marco de la nueva división internacional del trabajo que trajo la globalización neoliberal y que supuso y aún supone una reprimarización de la estructura productiva regional.
De este modo, la acumulación por desposesión implicó un complejo y amplio proceso de cambios regresivos: de reformas legales, de implementación de políticas públicas, de iniciativas de las corporaciones y asociaciones empresariales, de proyectos de organismos internacionales y, en definitiva, del uso de la violencia estatal-legal y paraestatal-ilegal; todos orientados a garantizar la efectiva desposesión de estos bienes a los pueblos y las comunidades que hasta entonces eran sus tenedores y cuidadores para su mercantilización (especialmente por medio de la privatización), que posibilitaba así su apropiación privada y su explotación capitalista. Una explotación intensiva, en la amplia mayoría de los casos de carácter transnacional y orientada a la exportación de las mercancías obtenidas para su venta-consumo en el mercado mundial. Este proceso general es el que recibe el nombre de saqueo. Su aplicación no sólo conlleva el desplazamiento de las poblaciones originarias y la destrucción de sus condiciones de vida, sino que también resulta en la depredación del ambiente afectando al conjunto de la vida en el territorio y proyectando sus sombras en el plano nacional y en el internacional.
Por otra parte, los cuestionamientos a esta depredación del ambiente que adoptaron inicialmente la forma de una lucha contra la contaminación, implicaban una experiencia de devastación y lucha local-nacional que darán sustento a una rápida y cada vez más profunda comprensión de los efectos devastadores del capitalismo sobre el ambiente y la vida a nivel global, y fructificarán en la relevancia que cobra en la intervención de los movimientos sociales latinoamericanos la detención del proceso de contaminación, cambio climático y catástrofe ecológica global hoy en curso. Expresión de ello es la iniciativa asumida por el actual gobierno de Bolivia en la figura de su presidente Evo Morales, con la convocatoria a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra tras el fracaso de la reciente Cumbre sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, realizada en Copenhague (Dinamarca). Esta problemática, sumada a las consecuencias de la mundialización neoliberal capitalista en los terrenos energético, alimentario, social y económico, ha hecho que la situación actual sea entendida además como una verdadera crisis de civilización hegemónica dando cuenta así de la amplitud, diversidad y complejidad de las alternativas que plantea.
Por último, la globalización neoliberal deparará igualmente consecuencias regresivas sobre la democracia y el carácter nacional de la autoridad estatal. En este sentido, bajo la celebración del fin del Estado-nación, tendrá lugar un proceso de privatización de la capacidad estatal de regulación social[6] y de la llamada soberanía nacional[7] frente a los poderes políticos, económicos y militares internacionales y a esa capacidad de nuevo constitucionalismo global detentada por las grandes corporaciones trasnacionales, que pondrá en entredicho de manera creciente la autonomía e independencia nacional de los países del Sur cifrando así la nervadura de un nuevo imperialismo. Esta lógica ha implicado también un profundo proceso de des-democratización y reconcentración del poder de la autoridad política, que supuso en la América latina de 1990 incluso una creciente restricción de las propias formas de la democracia representativa liberal (Quijano, 2000; Boron, 2000; Seoane, 2008).
El conjunto de estas características van a definir la novedad del imperialismo actual, que ha sido llamado en las últimas décadas alternativamente como un proceso de recolonización o de neocolonialismo. Estos términos hacen referencia tanto al retorno el primero como a la novedad el segundo que implica el colonialismo de hoy. Por ello se entiende habitualmente al dominio y la subordinación que un país detenta en lo económico, pero también en el orden político-militar, sobre un territorio-nación considerado así como colonia. Su uso está asociado de modo indisoluble a la expansión capitalista del siglo XIX y, en particular, a la conquista colonial promovida por las potencias capitalistas europeas durante ese siglo que tuvo en la trágica ocupación y distribución imperial de África su expresión más conocida.
Por contraposición, a principios de ese siglo la mayor parte de la América latina y Caribeña conquistaba su independencia política de la colonización española-portuguesa, aunque ello no haya supuesto una modificación del carácter subordinado de su integración en el mercado mundial. Justo para referirse a estos procesos de dominación económica en el marco de Estados-nación que en su forma aparecían políticamente independientes, a partir de mediados del siglo XX se extenderá el uso del término neocolonialismo. Frente a esta realidad también en América latina en la segunda mitad de la década de 1960 surgirá la llamada teoría de la dependencia que, en debate con la teoría del desarrollo, señalaba y buscaba analizar de forma crítica los mecanismos económicos y sociales externos e internos propios de la naturaleza capitalista que reproducen el subdesarrollo y la dependencia de la región. En fin, el concepto de colonialidad ha sido usado en América latina además, por lo menos en otros dos sentidos que merecen destacarse y tenerse en cuenta. Aníbal Quijano se ha referido al patrón colonial del poder como una marca característica de la estructuración del Estado-nación y la dominación en nuestra región desde la conquista hasta nuestros días (Quijano, 2000b). De esta manera, la colonialidad del poder hace referencia a un diagrama de dominación basado en la clasificación y jerarquización de la población a partir de la construcción y el uso del concepto de raza y al impacto que esta forma de dominación tiene, entre otras dimensiones, en el terreno del control y la producción de la subjetividad en especial bajo la forma del eurocentrismo. Asimismo, Pablo González Casanova utilizó el concepto de colonialismo interno para dar cuenta del proceso de dominación y explotación específico vigente a nivel nacional en América latina, más allá de que en el marco internacional estas formas coloniales parecieran o hubieran sido superadas (González Casanova, 2006).
El regreso actual al uso de la palabra recolonización para referirse a los procesos de dominación e imperialismo modernos remite así tanto al impacto de un nuevo ciclo de integración subordinada al mercado mundial forjado en la trama de la globalización neoliberal, como al impacto particular que el mismo tiene o proyecta tener en el futuro sobre la independencia política (en relación a la des-nacionalición y des-democratización) y al control militar del territorio (en alusión al despliegue militar, las guerras de invasión y sus lógicas de ocupación colonial que distinguen la actual relación entre el Norte [centro del capitalismo desarrollado] y el Sur [la periferia dependiente del sistema capitalista]). Pero también sirve para poner en entredicho la propia matriz colonial específica del Estado-nación latinoamericano y del patrón de poder de la dominación de clase en Nuestra América.
Este proyecto de recolonización orientado principalmente a la apropiación de los bienes comunes de la naturaleza supone, tal como lo habíamos mencionado antes, garantizar el proceso de desposesión de dichos bienes; vale decir, su sustracción a los actuales usufructuarios y/o el desplazamiento y la neutralización de las comunidades y poblaciones que habitan en estos territorios, lo que muchas veces significa su condena al exterminio o extinción. Así, el uso de la fuerza, de la violencia, ya sea por parte del Estado, de grupos paraestatales o ilegales, o de la cooperación o coexistencia entre ambos, se torna un componente esencial de este proceso. Una historia de sangre que recorre las masacres sufridas por movimientos indígenas, campesinos, de pobladores y territoriales en las últimas décadas de Nuestra América y que se acentúa en los últimos años. Una historia de violencia sistémica que ha motivado su caracterización como una guerra declarada a los pueblos pobres[8].
La construcción de esta globalización, en la misma medida que no supuso ni un efectivo libremercado mundial ni la tan mentada interdependencia igualitaria entre el Norte y el Sur, tampoco implicó el surgimiento de un espacio económico homogéneo y uniforme a nivel internacional sino que se desarrolló como un proceso de mundialización negociada en múltiples niveles que supuso, entre otras cuestiones, la construcción simultánea de integraciones en el plano regional bajo la hegemonía de alguna de las principales potencias capitalistas, áreas consideradas verdaderos patios traseros (en el sentido de la doctrina del espacio vital) para su desarrollo económico y para la proyección y defensa de sus intereses en la competencia global. Así, bajo la invocación de la doctrina Monroe, América latina fue el destinatario de la proclamada iniciativa estadounidense de integración subordinada desde principios de los noventa[9], iniciativa que tuviera en el Área de libre Comercio de las Américas (AlCA) una de sus expresiones más ambiciosas.
Este proceso de recolonización de América latina se confrontó con una creciente resistencia en la región que dio nacimiento a los llamados movimientos sociales y las coordinaciones internacionales en lo que fuera el capítulo regional del surgimiento de un nuevo internacionalismo y también a una intensa experimentación colectiva en el terreno de las formas de lucha, de organización, de las programáticas y los horizontes emancipatorios. Así, las resistencias frente a la apropiación y explotación trasnacionales de los bienes comunes de la naturaleza centro del modelo económico de la colonización-se tradujo asimismo en el punto de arranque de la elaboración de las alternativas. Una disputa societal sobre el uso social de los minerales, el agua, los hidrocarburos, la biodiversidad, la tierra, la flora y fauna que, como lo veremos a continuación, dirime además el futuro de la vida de la humanidad y del planeta todo.
NOTAS:
- ® Tres décadas en su recorrido más amplio: de las primeras experimentaciones de política neoliberal en el marco de las dictaduras contrainsurgentes del Cono Sur (1973 en Chile, 1976 en Argentina) en América latina, hasta la desregulación neoliberal impuesta en el sudeste asiático en el contexto de la crisis de 1997.
- ® Ello enfatiza su carácter histórico y no original, en la medida que el capitalismo tiende a expandirse mundialmente ha atravesado diferentes fases de mundialización, e incluso en tanto construcción de relaciones de intercambio de proyección mundial pueden identificarse procesos de mundialización anteriores al capitalismo (Amin, 2001).
- ® Hemos considerado innecesario reproducir aquí la multitud de indicadores que dan cuenta de las consecuencias sociales de las políticas aplicadas en la década de los noventa en América latina y en el plano internacional. Sobre esto, entre la numerosa bibliografía existente puede consultarse Quijano (2000), Boron (2000).
- ® Por ejemplo, Samir Amin refiere a la tendencia a la constitución de cinco grandes monopolios a nivel internacional: a) de los flujos financieros; b) de los recursos naturales; c) de las nuevas tecnologías; d) de los medios de comunicación; y e) de las armas de destrucción masiva (Amin, 2001).
- ® Esta trama de actores e instituciones ha recibido, entre otros, los nombres de bloque imperial mundial (Quijano, 2000) o de estructura del poder mundial (Boron, 2001).
- ® Este proceso se ha llamado de desestatización de la regulación social en referencia a la pérdida del monopolio estatal en la fijación y administración de tal regulación, lo que transforma al Estado-nación en un actor más de la misma junto a otras instituciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y empresas. Desde la perspectiva de los organismos internacionales y los think tanks neoliberales, este proceso ha sido llamado gobernanza.
- ® Esto ha sido llamado también desnacionalización (Quijano, 2000).
- ® El zapatismo la ha bautizado como la Cuarta Guerra Mundial (Subcomandante Marcos, 1999), la violencia de la represión y la intensidad de la lucha social en el marco de la tradición boliviana han motivado que fueran llamadas guerras la disputa por el agua (2000) y el gas (2003); días atrás, un nuevo asesinato a un comunero indígena en el sur de Chile motivó que la Coordinadora Arauco-Malleco lo considerara como una declaración de guerra por parte del Estado.
- ® Ya en junio de 1990 el entonces presidente de los EE. UU., George Bush (padre), anunció su propuesta de integración económica y comercial dirigida a América latina y el Caribe bajo el nombre de Iniciativa para las Américas (IPA). El primer eslabón de la misma lo constituyó el Tratado de libre Comercio de América del Norte (TlCAN), cuyas negociaciones finales y puesta en marcha en 1994 le correspondieron al siguiente mandatario, William Bill Clinton, quien lanzó formalmente en dicha oportunidad la propuesta del AlCA, más tarde motorizada por su sucesor, George W. Bush (hijo). Una continuidad que muestra el carácter estructural de la iniciativa estadounidense.